División de la casa común


Como no se puede cortar un inmueble con un cuchillo, vamos a intentar ahondar en este asunto de dividir la casa común entre los cónyuges o pareja, que se han separado y no saben cómo liquidar ese bien, o no saben con exactitud qué es una acción de división de la cosa común, incluso cuando existe una hipoteca que grava la vivienda.

Esto ocurre habitualmente cuando las partes no han llegado a un acuerdo de disolución, no saben si finalmente la venden a un tercero, o se la queda uno de ellos asumiendo la carga hipotecaria.

Nosotros siempre insistimos en no dejar nada en común, es decir, lo recomendable para el bien de los ex cónyuges o ex miembros de una pareja, es que liquiden todas las propiedades que tienen en común, ya que si no se hace así, cualquier copropiedad va a ser una fuente de conflictos enorme entre ellos, y ya de por sí, existirán conflictos de otro tipo, por ejemplo con los hijos y a la forma de educar de cada uno, que harán muy complicado cualquier tipo de acuerdo.

Pero vamos a analizar el supuesto en el que las partes no se ponen de acuerdo, y uno de ellos insta un procedimiento de división de la cosa común existiendo incluso una hipoteca.

En este caso se aplicaría el artículo 400 del Código Civil que determina que “nadie puede ser obligado a permanecer en la indivisión de una cosa”, por lo tanto cualquiera de los 2 cónyuges o miembros de una pareja están legitimados para iniciar este procedimiento y dividir la cosa común.

Hay que señalar que si siguen sin ponerse de acuerdo aun estando interpuesto el procedimiento de división de cosa común, dicho procedimiento acaba con la venta en pública subasta del bien.

El problema es que si lo que se obtiene en pública subasta no cubre el valor de la hipoteca que hipotéticamente grava la vivienda, los contendientes van a ser todavía deudores al banco de lo que reste por devolver, con lo cual es posible que las partes ya no tengan el bien inmueble, pero sí tengan todavía que abonar las cuotas hipotecarias hasta el completo pago de la hipoteca.

En nuestro despacho llevamos este tipo de procedimientos, intentando mediar entre las partes, para que lleguen a una solución amistosa. Si no es posible, entonces iniciamos el oportuno procedimiento judicial hasta llegar a la subasta pública, que siempre intentamos evitar puesto que ambas partes salen perjudicadas en ella.

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