NULIDAD MATRIMONIAL ECLESIÁSTICA



El Papa Francisco introdujo ya en el 2015 algunas modificaciones en el proceso de nulidad matrimonial que tratan de poner un poco más cerca este proceso al público en general, y así ayudar a eliminar o, al menos, a reducir, todos los tópicos que rodean siempre al proceso de nulidad matrimonial Católico.

En primer lugar diremos que la nulidad matrimonial no es un divorcio a la católica, es, en realidad como cualquier proceso de nulidad de cualquier contrato civil, añadido claro está la trascendencia que supone que sea un matrimonio celebrado “ante Dios y ante los hombres”. Según la Iglesia Católica, es un Sacramento, donde Jesucristo se hace presente.

De este modo, si finalmente se decreta la nulidad de un matrimonio, es como si no se hubiese celebrado, volviendo los cónyuges a su estado civil de soltería. Claro está, que si ha habido hijos en ese matrimonio, los padres seguirán teniendo todas las obligaciones para con ellos, aunque ya serán padres que nunca llegaron a casarse, ya que el matrimonio celebrado en su día, no pudo desarrollar los efectos del mismo al no ser un matrimonio válido.

Para iniciar un proceso de nulidad matrimonial hay que realizar una demanda ante el Tribunal Eclesiástico de la diócesis donde se celebró el matrimonio, por parte de uno de los contrayentes. No es un proceso de mutuo acuerdo en ningún caso, lo que hace el Tribunal Eclesiástico es realizar una búsqueda de la verdad de lo que ocurrió en el momento de la celebración del matrimonio entre los cónyuges.

Por tanto no se trata de investigar si el matrimonio ha fracasado separándose finalmente los cónyuges, se trata de analizar cómo estaban los cónyuges, sobre todo en la prestación del consentimiento, en el momento de celebración del matrimonio.

El demandante, por tanto de una nulidad, deberá elegir un abogado especialista en derecho eclesiástico, para llevar adelante esta demanda de nulidad matrimonial.

Así, a lo largo del procedimiento, se analizará por el Tribunal con las pruebas de las que se puedan valer tanto demandante como demandado, principalmente mediante testigos y sobre todo con la prueba pericial psicológica, si existía en el momento de la celebración del matrimonio, una causa que impedía que se desplegaran los efectos del matrimonio, tal y como lo presenta la Iglesia Católica.

Antes de la reforma del Papa Francisco, hacían falta 2 sentencias, una dictada por el Tribunal Eclesiástico y otra por el Tribunal de la Rota que confirmaba la sentencia del primero. Ahora sólo es necesaria una sola sentencia, y por tanto el proceso durará menos que antes, aproximadamente un año.

En cuanto a las causas que se pueden alegar, están tasadas por el Código de Derecho Canónico. Las más frecuentes son por incapacidad para asumir las obligaciones del matrimonio y la simulación del consentimiento. Asímismo por inmadurez o por haber sido coaccionado a la hora de contraer matrimonio, son también causas que suelen verse repetidas en los Tribunales Eclesiásticos.

Desde luego lo importante es acudir a un abogado especializado en la materia, que nos va a dar una visión de conjunto para saber si podemos presentar la oportuna demanda para instar la nulidad de nuestro matrimonio eclesiástico.

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